miércoles, 16 de julio de 2014

FRANCIS TOMÉ


Original publicado en la revista Basket Fem. Julio 2014

He tenido la enorme suerte de encontrarme con el vídeo de la conferencia que Francis Tomé (@francistome), entrenador del Clínicas Rincón de Málaga, ofreció recientemente en el II Clinic “Ciudad de Palos” sobre el tema “El entrenador de formación”. En la conferencia, que recomiendo vivamente a todos los lectores y lectoras que se dedican al noble oficio de educar – sean padres, entrenadoras o maestros – , Tomé hace balance de su trayectoria al frente del equipo LEB Oro y dice dos cosas que invitan a la reflexión:
1ª) Que él es un entrenador de formación inmerso en una liga superprofesionalizada. Por eso, a diferencia de sus rivales, lo que persigue principalmente no son las victorias sino mejorar individualmente a cada uno de los jugadores que entrena. Nada más gratificante para él que verlos ascender al primer equipo o firmar contratos con clubes de la élite, aunque esto haya supuesto, semana sí y semana también, no poder contar ad maiorem exercitator gloriam con las piezas más valiosas del vestuario.
2º) Que lo anterior, en ningún caso, significa que renuncie a ganar. Al contrario, su objetivo es la victoria, pero se obliga a conseguirla con el menos talentoso de sus jugadores en pista y haciendo lo que es mejor para la evolución de ese chico. Además, está convencido de que el equipo crecerá de esa manera.

Es una lástima no haber dispuesto de esta conferencia antes de que las oscuras golondrinas de la evaluación anidaran un curso más en nuestros centros educativos. Me habría encantado, por ejemplo, que se hubiesen escuchado las palabras de Francis en el claustro final de mi Instituto, en el preciso momento en el que, a propósito de los diecisiete suspensos cosechados en selectividad, la directora dejaba caer solapadamente que no tiene sentido competir en la arena de la excelencia académica con los peores estudiantes y que, por tanto, esos diecisiete cateados nunca deberían haber sido propuestos para examen.
Admiro a los maestros que se empeñan en romper las cadenas que anudan el destino de sus alumnos. Es una especie en peligro de extinción la de los educadores que interpretan su labor como una guerra abierta contra el fatum que reserva para los menos favorecidos un futuro de papeles subalternos cuando no sencillamente trágicos. Debería ser una especie protegida la de los maestros y maestras que entienden que en un sistema selectivo tendrían mayor éxito quienes necesitan en menor medida de su esfuerzo como educadores, pero fracasarían quienes más requieren de su ayuda para enfrentarse a las arbitrariedades de una fortuna que los colocó varios metros alejados de la linea de salida. A esa rara especie de educadoras y educadores que profundamente admiro y abiertamente envidio pertenecen los entrenadores y entrenadoras de formación que, como insinúa Francis, saben que quitarse de encima a las peores jugadoras puede mejorar el rendimiento puntual de su equipo o engordar el palmarés de su club, pero a costa de dilapidar el capital deportivo de una comunidad, porque éste no se mide por el talento que atesora la primera de sus deportistas sino por el que posee la última.
Escuchar a Francis Tomé hablando del orgullo que se siente al poder ayudar a un chaval enamorado del baloncesto a convertirse en la mejor versión de sí mismo, verlo proclamar la suerte que tiene de aprender de sus chicos cada día, de crecer junto a ellos como persona y como entrenador, me hace confiar en que aún queden islas con playas color de azafrán y me ayuda a espantar dudas existenciales sobre el alcance de mi trabajo como maestro y entrenador. Con sus palabras cierro por vacaciones. Que los dioses de la paideia nos permitan la próxima temporada, el próximo curso, estar a la altura de nuestra tarea y seguir gozando con ella.